viernes, 10 de noviembre de 2017

¿ Y a quién le importa?



Hace años (ya empiezan a ser demasiados, qué se le va a hacer) traduje al castellano el juego de rol “In Nomine Satanis / Magna Veritas”, del incombustible CROC, contracción de “Cocodrile” y nick de Christophe Réaux, un prolífico diseñador y traductor de juegos francés. El único diseñador de juegos de rol, que yo sepa, que tiene su propia estatua, aunque sea en pequeñito, que cuando los escultores de “Prince August” hicieron algunas figuritas de plomo de su juego “Bitume” sacaron dos que ¡eran él!: Una a pie y otra a lomos de una harley. (Y sí, claro que me muero de envidia)

Bueno, la cosa es que el zagal (que puedo llamarle así, que es año y medio más joven que yo) es un tipo bastante friki y gamberrete, con el que me entendí perfectamente a la hora de “castellanizar” los chistes demasiado francófonos de su juego. Los dos tenemos un humor negro negrísimo con ciertos toques gore, así que no hubo problema. De hecho, hasta estuvimos hablando de reescribir desde cero un suplemento sobre el que había perdido los derechos por haberse peleado con el autor, que en todas partes cuecen habas....

Bueno, anécdotas de abuelo cebolleta aparte cuando estaba traduciendo su obra y la de sus colaboradores me llamó la atención uno de ellos: “Ange” (Ángel). Así, sin apellido. Sentí curiosidad, y descubrí que no era el único: nadie sabía quién se escondía detrás de ese seudónimo, y el tema, en especial en Francia, despertó a finales de los ochenta y principios de los noventa bastante curiosidad. Tardamos todos años en que fuera público que tras “Ange” estaban una pareja llamada ANne y GErard, que son pareja en la vida profesional y en la real: Escribieron unas aventuras cojonudas para INS/MV y para Bloodlust (otro juego de Croc muy desconocido en este lado de los Pirineos), son guionistas de cómic y escritores de novelas de fantasía. Sus otros dos seudónimos son G. E. Ranne (Ger + Anne) y G.-Elton Ranne. Les llevo contabilizadas unas quince novelas publicadas y cerca de un centenar de guiones de novelas gráficas... y seguro que llevo mal la cuenta. Yo mismo me leí unas cuantas de sus novelas en los últimos tiempos de JOC, cuando se barajaba la idea de crear una línea de narrativa en la editorial.

Y, es que, en resumidas cuentas  ¿A quién le importa que sean hombre y mujer que firman con un nombre colectivo? En Francia, a nadie. La gente lo encontró, como mucho, una anécdota curiosa. Lo importante de un autor es su obra, no bajo qué nombre firme. Al fin y al cabo, aquí en España tenemos el caso del colectivo Ofelia Dracs, más flagrante si cabe ya que era un seudónimo conjunto con el que firmaban en los años 80 (del siglo XX) un número fijo de nueve autores (siete hombres y dos mujeres) más otros ocho de esporádicos (cuatro mujeres y cuatro hombres más)

Me dirán ustedes que sí, que claro, que es que eso era cosa del pasado, lo de ningunear a la autora o al autor (sobre todo a la autora) sin leer el texto y tal y tal. Que en tiempos más machistas Charlotte Brontë tuvo que firmar su novela Jane Eyre como Currer Bell; que Amandine Dupin firmaba como George Sand y nuestra Cecilia Böhl de Faber y Larrea como Fernán Caballero. Les replicaré que estos “tiempos machistas” han durado más de lo que pensamos: Lo de que Joanne Rowling firmara como J.K Rowling su primera novela “Harry Potter y la piedra filosofal” (y ya puestos, todas las demás) se debió a una imposición de su editor, convencido de que la obra no vendería si la firmaba una mujer. Y estamos hablando de 1997.

Pero la cosa funciona en dos direcciones: Por lo que se ve, un “autor” de novela romántica no vende (o eso dicen los editores) así que debe ser una mujer o firmar como tal. Me voy directamente a autores actuales que han “salido del armario” en este tema: No fue hasta su muerte en el 2011 que se supo que Emma Blair se llamaba en realidad Ian Blair. El escritor Roger Sanderson firma como Jill Sanderson, y Jessica Stirling es en realidad (bueno, era, murió en el 2014) Hugh C. Rae.

Y me dirán, a estas alturas del artículo que bueno, que esto en el mundo del rol no sucede. Y entonces les replico que sí. Y les hablo de Magissa, el juego de rol para niños firmado por Edanna R. Patsaki y Fernando R. Reyes. Corrió por la red el rumor de que Edanna no existía, que era una sucia y rastrera estrategia de la editorial Nosolorol para vender juegos de rol infantiles firmados por una mujer. Los que difundieron el rumor (no daré nombre y apellidos, entre otras cosas porque a algunos de ellos les ENCANTA insultar bien escudados bajo el anonimato de un nombre falso que bueno, mira, lo respeto. Allá cada cual con su vida privada. (Lo que no voy a hacer es denunciarlos por identidad falsa al Face.) Pero tampoco voy a tolerar según qué actitudes, sobre todo cuando se meten en la vida privada y la identidad de otr@s. Lo siento. Soy demasiado viejo para cambiar.

Bueno, que me voy. Los que difundieron el rumor se olvidaron de una manera muy “oportuna” que Edanna firmaba su blog con ese nick desde mucho antes de publicar con Nosolorol. Del mismo modo que se olvidaron que la versión beta de su juego había sido publicada por entregas en ese mismo blog, que era (y creo que aún es) de descarga gratuita. Así que se nos desmonta lo de la “pérfida maniobra de Nosolorol”. Empresa que, por otro lado, tiene al menos otra autora en nómina: Patricia de Blas, coautora junto a Álvaro Corcín de “Pequeños detectives de Monstruos”, que también es un juego de rol infantil.

La cosa llegó a niveles TAN esperpénticos que gente cuya identidad en Facebook era claramente FALSA le EXIGIÓ a Edanna que publicara su DNI o documento similar por la red para demostrar que era una persona real.

 Y yo digo ¿REALMENTE IMPORTA UNA P(CENSURADO) M(MÁS CENSURADO TODAVÍA) quién o qué esté detrás de un seudónimo si el trabajo es bueno?

Quizá la respuesta me la diera, hace muchos muchos años, en mi adolescencia, una buena amiga. Me dijo que los mejores críticos eran los escritores frustrados. Y que ella era una excelente crítica, de tan mala escritora que era.

Visto de este modo, se me va la ira.

No puedes enfadarte con un grupo de gente que sólo son unos fracasados envidiosos del buen trabajo de otros ¿no?

Sólo sentir lástima por ellos.